
Sin perjuicio de la existencia de plataformas virtuales como apoyo de las clases presenciales y del desarrollo de las asignaturas o carreras a distancia (implementadas en la educación superior), el sistema educativo no se encontraba preparado para afrontar el dictado en "aulas virtuales".
El encierro preventivo de las personas en sus hogares hace que se desdibuje una pauta social recurrente respecto de los espacios y los tiempos, puesto que solemos asumir el aula como espacio de estudio, la oficina como espacio de trabajo y el hogar como lugar de descanso o esparcimiento. A ello debemos sumar que adoptamos horarios de trabajo y recreo. Pero todo ello se entremezcla cuando se da en el mismo espacio y tiempo, más en quienes conviven con mas personas en espacios reducidos y/o son padres y madres.
No podemos entonces pensar condiciones de normalidad en el desarrollo de las asignaturas, puesto que no se dan en el "hábitat natural" que es el aula, ni tampoco en un tiempo concreto como veníamos acostumbrados, mas allá del establecimiento de horarios asignados para el desarrollo de clases en videoconferencia, videollamadas, etc.
Resulta natural este desajuste, puesto que desde pequeños se nos ha inculcado que existen lugares y tiempos para el trabajo y la recreación, situación que el modelo de escuela tradicional ha introducido en nuestra conciencia.
En este sentido, las instituciones educativas no pueden ser ajenas a este fenómeno social, puesto que la virtualidad de la clase en contextos normales resultan posibles. Las videoconferencias, plataformas virtuales, consultas on- line, etc; son recursos que han llegado para quedarse y deben ser celebrados como avances en los canales de contacto y ampliación en las posibilidades de asegurar el ingreso y permanencia en el Derecho a la Educación.Pero esto no resulta suficiente para el contexto con el que nos topamos.
Los Docentes nos encontramos entonces ante un fenómeno de difícil tránsito, sobre todo para quienes no se encuentran familiarizados con el uso de las nuevas tecnologías. En este sentido, debemos flexibilizar cuestiones atinentes al contenido de las asignaturas, su forma de desarrollarlo y los canales y oportunidades de consulta. Pero estas no son las únicas variables a considerar.
No podemos pensar ya en el sistema de enseñanza basado en la catarata de bibliográfica, porque por más que exista mayor tiempo en los hogares también hay mas realidades al desnudo: depresión, ansiedad, falta de acompañamiento, dificultades para concentrarse, etc. Nada que antes no existiera, pero hoy quizá hoy se muestren con mayor magnitud.
Es tiempo entonces de dejar de lado aquella obsesión pedagógica de enfoque sobre los contenidos, y proyectar un proceso de aprendizaje basado en un sistema de comprensión general, susceptible de ser aplicado en la práctica de las personas y bajo el horizonte de los valores humanos.
No es solo un cambio de modalidad de la enseñanza el desafío (respecto de la incorporación de nuevas tecnologías), sino la de desarrollar una educación que sirva a los problemas que la realidad y el contexto histórico nos presentan.
La Educación necesitaba una reforma, hoy la realidad así nos lo impone.
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