jueves, 18 de septiembre de 2014

"Mano dura" el placebo del delito... (Por Ezequiel Espina)


El fenómeno delictual en la sociedad presenta una enorme complejidad para su abordaje por las distintas esferas que efectúan su análisis. Aclaremos en primera instancia que estamos ante una manifestación que se ha desarrollado durante toda la historia de la humanidad, más allá de la existencia de un orden jurídico institucionalizado (podrá haber estado instituido en el pasado como pecado o desobediencia a la autoridad o señorío). Surge preguntarse entonces si la naturaleza del delito es propia de la sociedad o no, pero esta discusión no será tratada en este escrito, sino más bien algo que introduciré como certero: la capacidad por algún medio de reducir los indices del mismo.

Ante el continuo "bombardeo" de los medios con noticias que exhiben delitos de orden común (robos, abusos, secuestros y homicidios), los cuales aumentan o disminuyen sus indices dependiendo el tiempo; se presenta un clima de "caos e inseguridad"  que pone en boca de la sociedad el pedido del accionar del aparato estatal encargado entre otras cosas de la seguridad social. Este reclamo, que luego se refleja en la ley sancionada por los representantes del pueblo en el órgano legislativo contiene supuestos que a mi consideración representan un camino equivocado de tratamiento del delito. La expresión "Mano Dura"  denota una aplicación de la coerción penal traducida en el aumento de la escala penal de delitos, como así también el menoscabo de los derechos penales y procesales de los imputados en tales hechos.
A continuación expondré distintos puntos por los que considero que dicha maniobra política en nada logra erradicar ni disminuir el propósito que impulsa:
-El aumento de la escala penal no es un limitante volitivo: siendo que el conocimiento del Derecho no es una cuestión de corriente conocimiento por la sociedad en general, ridículo sería pensar que la voluntad de alguien que va a delinquir se viera frenada por el reconocimiento de la pena que traería, que sería algo así como afirmar que "no mato porque tiene una pena de entre 8 y 25 años del prisión" como así lo prescribe el art 79 del Código Penal. 
-La violencia no se combate con más violencia: lejano parece en el tiempo la aplicación de la Ley del Talión que profesaba: "ojo por ojo, diente por diente". Para una sociedad moderna vergonzoso sería aplicar principios ancestrales que tan primitivos nos parecen, pero los recientes fenómenos de "linchamientos" nos presentan que quizá no estemos tan lejanos a esa sociedad medieval. 

-Nuevos mecanismos de legitimidad para la persecución penal de sujetos criminalizados: es innegable que la población carcelaria posee rasgos comunes, esto lógicamente se corresponde con un tipo de política criminal que luego se traslada al imaginario social como prototipo de enemigo de la comunidad. Quienes asistimos a audiencias en los juzgados penales observamos un hecho recurrente: los imputados presentan bajo nivel educativo (rara vez nivel secundario completo), bajo nivel económico o ambas cuestiones. De aquí que asociemos la figura del criminal con el joven de bajos recursos, de atuendos distintivos (determinado tipo de zapatillas, cara escondida bajo una capucha o gorra, etc). Esto conlleva que al identificar un individuo de dichas características se lo asocie como un potencial delincuente, cuestión que lleva a que nos cambiemos de vereda si viene hacia nosotros, que llamemos a la policía si lo vemos pasar frente a nuestro hogar, etc. Esto provoca un serio conflicto de clases que permite la impunidad de determinados sectores privilegiados. Pensemos.... 

¿Qué afecta más a la sociedad? 
¿El robo de un celular o la malversación de caudales públicos? ¿El robo de una billetera o el trafico ilegal de drogas?
No parece ser tan inocente entonces que la persecución penal este dirigida a ciertos sujetos.
Quiero cerrar mi idea invitando al lector a que reflexione si no es el resguardo de un sector social el disparador del indice delictual de otro. Para ser más claros, imaginen una red de trafico ilegal de estupefacientes liderados por un sujeto que por efectuar dicha acción se provee de una ganancia importante de dinero, el cual proviene de sus clientes, los cuales están bajo una condición de dependencia por el efecto que produce justamente la droga. Ahora, pensemos que un sujeto con una adicción debe no solo afrontar los gastos básicos de subsistencia, sino también los de su adicción, y con escaso poder adquisitivo opta muchas veces por tomar cosas ajenas para venderlas y así obtener dinero para adquirir la droga del vendedor. Si hechan un vistazo al interior de las celdas de las cárceles de nuestro país, encontrarán infinidades de "ladrones de gallinas" y escasos lideres de redes delictuales.     
Con esto no quiero decir que se deje impune los delitos menores, sino que quiero fundamentar porque considero que no se ataca el problema de base. Pidiendo más "Mano Dura" se proseguirá con el problema, en cambio si apostamos por profundizar y maximizar la herramienta de cambio más potente que es la educación quizá la realidad en el futuro sea otra. El cambio de óptica representa también un cambio en la administración y distribución de recursos. Podrán colocar mayor cantidad de cámaras de seguridad, mayor cantidad de patrulleros en las calles, incrementar las escalas penales y construir más cárceles, pero recuerden que esto esta pensado para accionar cuando se comete el delito, no para prevenirlo. Por eso recuerden:
"Es mejor prevenir que curar"
"Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres" 
"Una tiza es más barata que una bala... no pidas más policías, pedí más y mejor educación"

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Esto es ingeniería ?

Según las ultimas estadísticas son muchos los jóvenes que se inscriben en la carrera de ingeniería en la Universidad Nacional del Comahue, como también son muchos los estudiantes que desisten de estudiar esta maravillosa carrera. ¿a qué se debe esto? .Si nos diéramos un minuto para pensar en este interrogante, podríamos identificar varias problemáticas que explican este fenómeno. En esta ocasión voy a analizar una de las dificultades menos visibles, pero no por ello menos importante. Al iniciarse el alumno se encuentra con materias como matemáticas y álgebra , las cuales si bien son importantes para esta carrera son totalmente abstractas y como si fuera poco lidiar con una ,tenemos que pasar por cuatro análisis matemáticos y dos álgebras, ¿esta mal esto?. No claro que no , lo que quiero poner en tela de juicio en este escrito es que en dichas materias no son dictadas con una orientación ingenieril para incentivar al estudiante a introducirse en ellas. 


En el siguiente grafico podemos ver el nivel actual de orientación que tiene carrera dependiendo del año.
Durante los primero 3 años podemos ver que sabemos muy poco de que se trata la ingeniería , eso se debe a que las materias de estos años están pensadas para que así sea .
Mientras que en los restantes 2 años están volcados la mayoría de los contenidos que nos acercan a la especialización de nuestra carrera.

Entonces ¿con darle una orientación ingenieril a estas materias solucionamos el problema? En absoluto, además como en muchas facultades de gran nivel la carrera de ingeniería debería contar con una materia que nos introduzca en el mundo ingenieril, caso contrario el alumnado tiene que esperar llegar a tercer año para ver algo relacionado a su carrera, el cual creo es un tiempo innecesariamente largo.Si no hay un cambio en nuestra carrera vamos a seguir teniendo chic@s que disertan en los primeros años del profesorado de matemática , porque esto ingeniería no es




Como podemos ver en la siguiente gráfica , los contenidos orientados a la ingeniería están distribuidos de una manera más armónica en los años que dura la carrera. Si se utilizadara una metodología de este estilo en nuestra carrera, podríamos lograr un mayor interés de los estudiantes.


sábado, 6 de septiembre de 2014

El concepto de SOCIALIZACION en Pedagogía (Por Gastón Coronel)

Para cualquiera que se acerque a algún estudio humanístico es frecuente encontrarse con conceptos que aparentan ser obvios, pero que resultan muy difíciles de comprender. Ya sea porque abarcan muchas variables con su significado, o porque tienen varios significados posibles; de manera que, estudiemos Filosofía, Psicología, Sociología, Derecho, Pedagogía, o cualquier otra disciplina humanística, no escaparemos a ciertos conceptos que les son comunes y nos complican bastante el acceso a su conocimiento.
Generalmente, la dificultad de estos términos radica en su origen; es decir, cada concepto característico de éstas áreas de saber tiene su origen en alguna discusión en la que por lo general participaron dos o más corrientes de pensamiento, y esas miradas encontradas plasmaron de modo diverso alguna variante del significado en cuestión.
Uno de estos conceptos tan controversiales es el concepto de SOCIALIZACION, y ya sea que hablemos de la familia, de la escuela, de las instituciones de reclusión social, de los hábitos de consumo, o demás etcéteras posibles; siempre tendremos que volver a la raíz de lo humano e indagar en este término tan controversial.

El concepto de Socialización y su impacto en la Pedagogía

En el ámbito de la Educación, que es el que nos convoca en este escrito, el concepto de SOCIALIZACION es central. Afirmaciones como: “La escuela tiene como función la formación de ciudadanos que se inserten socialmente” o “La escuela está siendo afectada por la crisis de la institución familiar”, por ejemplo, tan frecuentes entre pedagogos, presuponen un manejo de este concepto. Tal es así, que dependiendo qué se entienda por este término, será el posicionamiento que se tiene respecto de qué es la Educación, y qué función tiene la Escuela como institución, entre otras cosas.

Muchas veces hemos oído expresarse a algún docente manifestando su preocupación sobre el comportamiento de los alumnos desde tan chicos. “¿Qué puede hacer un docente para inculcar conocimientos a un alumno, si este ya viene maleducado desde su casa?”, o “La tarea de la Escuela no debería ser contener emocionalmente a los niños que llegan con problemas desde su hogar, sino se hace más asistencialismo que educación”; estas son afirmaciones en las que se ve plasmada una visión frecuente de la función de la Escuela, y que responde a una mirada particular del concepto de Socialización.
Según esta postura, el alumno debería incorporar un conjunto de valores, hábitos y reglas en el seno de su familia que lo preparen para afrontar el tránsito que propone la institución educativa. En este sentido, la Escuela actuaría como complemento de la familia en el proceso de socialización de cada sujeto, aportando los saberes que el sujeto (como futuro ciudadano) necesita para insertarse adecuadamente en su sociedad. Ahora bien:

¿Es lo mismo “Socialización” que “Educación”? 

Muchas veces, por apuro o desinformación, utilizamos estos términos como sinónimos para expresar cosas que no apuntan necesariamente a lo mismo. Para entender mejor la relación entre estos conceptos será de mucha utilidad pensar en el siguiente gráfico:

La relación entre los conceptos "Socialización"; "Educación"; "Escolarización"
Según la postura que expresa el esquema, que es bastante común en el ambiente de las ciencias humanas, la “Escolarización” sería un modo especial de abordaje del acto educativo, que se caracteriza por desenvolverse en un ambiente regido por normas institucionales, contemplando recursos metodológicos más o menos formales, y en un tiempo determinado de carácter obligatorio y frecuente. 

Sin embargo, este no es el único ambiente en el que el sujeto puede ser parte de un proceso de aprendizaje, sino que existen numerosos intercambios de saberes y prácticas que se desarrollan en contextos tan diversos como clubes, colonias de vacaciones, o hasta la casa propia o de un amigo. De aquí que el concepto de “Educación” sea más amplio que el de “Escolarización”.

A su vez, el acto de enseñanza-aprendizaje en el que se realiza un proceso dinámico de intercambio de saberes entre al menos dos sujetos (Educación), no es el único acto en el que se incorporan reglas de acción, normas, valores, hábitos y recursos intelectuales para el desenvolvimiento social e interactivo entre individuos; por lo que, como explican varios autores como es el caso de Gvirtz, por ejemplo, “(…) según esta división, la educación sería un tipo particular de socialización que trata de transmitir al individuo ciertos saberes, de una manera intencional y consciente.”

De modo que existen otros modos, que no son esencialmente educativos, en los que se incorporan principios de socialización, por ejemplo la “imitación de conductas”, los “mandatos parentales”, o incluso hasta eventos traumáticos violentos, los cuales no necesariamente son situaciones de aprendizaje de carácter voluntario, intencionado y sistemático.

Las fases de la socialización: Socialización primaria y socialización secundaria

Como ya se dijo antes, la concepción que se tenga del término SOCIALIZACION determinará ampliamente qué función se le otorgue a la institución educativa; y es por esta razón que se han generado largas discusiones entre los pedagogos, sociólogos y psicólogos, para definir qué alcances y qué límites tiene la Escuela en relación a los procesos de conformación de la subjetividad de un individuo.

Desde el ámbito de la Sociología se define a la “Socialización” como un acto de internalización de modos, reglas, pautas, creencias, representaciones y hábitos que configuran el carácter de un sujeto para que interactúe con los demás y se desenvuelva en sociedad. 

A su vez, algunos autores como Berger y Luckman (1968) han diferenciado entre dos fases en el proceso de socialización: la socialización primaria y la socialización secundaria
Si partimos de la propia experiencia, la socialización primaria se ve reflejada en aquellas habilidades o esquemas que tenemos tan afianzados que nos es casi imposible explicar a otros cómo los adquirimos y cuando; el uso del lenguaje básico, la habilidad para alimentarnos, higienizarnos, y demás recursos para actuar sobre nuestra realidad más inmediata, son algunos ejemplos de este tipo de socialización.
Hagamos la prueba de describirle a otra persona cómo tendría que hacer para caminar, paso por paso, sólo utilizando las palabras, y notaremos la enorme dificultad que esto presenta para nosotros, porque es un rasgo que tenemos afianzado en nuestra subjetividad desde tempranísimo momento como un aspecto normalizado y fijado profundamente. Es por ello que el ambiente más representativo y característico de este tipo de proceso es la familia, y la etapa vital en donde se desarrolla es en la niñez

Por otro lado, aunque entendido como un proceso complementario del anterior, la socialización secundaria se plasma en aquel conjunto de pautas de comportamiento, recursos de decisión y concepciones del mundo que se incorporan mediadas por los “submundos” de las instituciones de la sociedad. Allí delineamos nuestros “roles” que se ajustan a los distintos espacios de convivencia con otros, e interiorizamos el mundo de los otros como parte del nuestro. Sin dudas que, pese a no ser la única, la Escuela es la institución más representativa de esta etapa; lo cual conlleva no pocos problemas para los estudiosos de la cuestión.

¿Qué impacto tiene el concepto de SOCIALIZACION en la función de la Escuela?

Si nos mantenemos en la clave que venimos desarrollando respecto del concepto de “Socialización”, la función última de la Escuela sería concentrar en la institución educativa la incorporación sistemática del conjunto de pautas de acción y de los contenidos intelectuales necesarios para la inserción normalizada de los sujetos. Y este proceso sería complementario al que comienza con la interacción familiar, y continúa en otros ambientes de intercambio social; quedando fuera de enfoque cualquier posibilidad de ruptura o alteración de un orden social que se supone que pre existe a la Escuela y la condiciona. Ahora bien, según esta mirada, la Escuela: ¿es una institución provechosa en la formación de todo individuo, o es un mal necesario con intenciones de control?; ¿Hay que considerarla buena o mala desde una valoración crítica?

Si tenemos una postura optimista, quizás podamos considerar que la Escuela brinda herramientas fundamentales para el desarrollo de competencias de enorme utilidad social, que mantienen el equilibrio y la relación entre generaciones garantizando la continuidad del flujo ascendente del progreso cultural de la humanidad. Por lo que no sería para nada menor su función dentro del espectro de instituciones modernas.

Por el contrario, si nos pusiéramos pesimistas, diríamos que el monopolio de la detentación del conocimiento y la transmisión de premisas que determinan la condición de clase, y el modo en que se inserta un ciudadano en la sociedad no deja margen a la transformación del orden pre establecido. Y que esta posición reproductora de la Escuela, en realidad constituye un mecanismo de control y opresión que sirve de herramienta para que los sectores dominantes prolonguen la explotación de los marginados o desfavorecidos económica y culturalmente.

Por supuesto que es difícil resolver el dilema entre ambas posturas (y otras muchas posibles con sus respectivas graduaciones), pero lo cierto es que en cualquiera de ellas se presupone una concepción particular de “Socialización” que va íntimamente ligada a la característica esencial de la institución educativa, y que la posiciona claramente en relación a la sociedad a la que esta pertenece. De manera que entender este concepto tan complejo y cargado de significado, aporta grandes herramientas para abordar lo que a mi entender es el “nudo enigmático” de todas las ciencias sociales: la configuración de un individuo en relación al ambiente que lo rodea, y los procesos y espacios que intervienen en tal configuración.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Pedagogía: las dos caras de un mismo sistema (Por Ezequiel Espina)

Cuando pensamos en el orden educativo institucional sabemos que hay algo claro e indiscutible, su obligatoriedad. Este carácter ha producido una "naturalidad” o paso obligado de todo sujeto para su posterior inclusión en la sociedad. Ahora, cabe preguntarnos si el sistema educativo nos prepara para desenvolvernos en el estado de cosas actual o prepara sujetos para “un mejor porvenir”.

Vamos a distinguir entonces dos teorías, por un lado el optimismo pedagógico, y por otro lado el pesimismo pedagógico. Quienes adhieren a la primera profesan que la educación, y por ende las instituciones educativas, son una herramienta de cambio social. Desde esta perspectiva, las condiciones objetivas externas del sujeto, no representan un impedimento para el ascenso social del mismo y una modificación de su condición, lo cual llevado a un nivel macro, representa un cambio significativo en el entramado social y se afirma como herramienta de transformación.
Esta concepción arraigada desde la modernidad, perdura en el imaginario social de la época y en innumerables discursos que a continuación intentare refutar a partir de algunos puntos de la teoría contraría.
Aquello que llamamos “teoría del pesimismo pedagógico” surge como una severa crítica a la teoría antes descripta. La misma expresa que el modelo educativo configura una herramienta del mantenimiento del “status quo”, ¿de qué manera? Reproduciendo las mismas condiciones objetivas externas dentro de los establecimientos, y así, se afianza como herramienta de reproducción del orden social hegemónico.

¿Qué fenómenos ayudan a sostener esta postura?
Dos Guerras Mundiales, genocidios, armas de destrucción masiva, hambre y pobreza dan cuenta de una severa falla en la noble tarea plasmada en los discursos optimistas de la educación. Pensemos ahora en las condiciones actuales de las instituciones educativas más próximas. Altos índices de repitencia, casos de violencia institucional, deserción masiva en los primeros años de la universidad, colegios públicos con serias deficiencias edilicias que se transforman en un impedimento para respetar el calendario escolar, etc. Estas cuestiones nos hacen pensar que las instituciones educativas son sumamente permeables a las condiciones externas que traen los sujetos, y contrariamente al imaginario, no se las compensa o mejora sino que se las reproduce. Esto quiere decir que se legitima el orden social bajo la apariencia de un relato inclusivo y de fe en el progreso.
Sin ningún tipo de dudas la educación es un instrumento de progreso, pero no en términos masivos, ya que está más que evidenciado que las condiciones externas del individuo limitan el alcance del mismo.  Nótese que del bajo índice de progreso institucional en los niveles secundarios y universitarios pertenecen en su amplia mayoría a un determinado estrato social.
 Sin ánimos de ser extremista, debo reconocer las excepciones, pero interpelo a que los lectores reflexionen en base a sus vivencias personales si logran reconocer en su paso por las instituciones educativas estos aspectos antes narrados.

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